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10 buenas decisiones alimentarias cuando comes fuera de casa

por Fagor

¿Cuántas veces nos ha pasado? Salimos a comer fuera por trabajo o por placer y nos llenamos mucho más que si hubiéramos comido en casa sin que entendamos exactamente por qué. Las raciones son mayores, tomamos postres dulces, abusamos de las patatas fritas… y lo hacemos sin darnos cuenta. ¿Se puede cuidar la alimentación, disfrutando al mismo tiempo del placer de la comida, la compañía y el servicio? Creemos que sí y te damos unas pautas para intentarlo.

Compartir: En la mayoría de los restaurantes las raciones son ligeramente mayores o bastante mayores de las que tomamos en casa. Mira a tu alrededor y observa el tamaño antes de pedir o pregúntale al camarero por su tamaño. Puede que compartir un primero o un segundo sea la opción más sensata. Y la más económica.

La salsa… aparte. En Cuando Harry encontró a Sally, una aclamada película de los años 80, el personaje de Meg Ryan tenía una manera curiosísima de pedir los platos. Según su amigo Harry daba tantas instrucciones a los camareros que el resultado era mejor de lo que el propio chef había imaginado. Una de sus manías era pedir todas las salsas o acompañamientos aparte. No es una mala práctica para comer saludable. Las salsas suelen llevar harina, margarina, queso u otros ingredientes que aportan muchas calorías. No hace falta renunciar a su sabor pero no conviene tomar platos completamente “bañados” en salsa ni untar el plato hasta dejarlo limpio.

¿Ketchup o mayonesa? En cuanto a sabor poco tienen que ver pero a menudo se nos ofrecen como alternativa, especialmente en restaurantes de comida rápida. La mayonesa es más calórica, ya que su composición es aceite en un 75%. El ketchup es una opción menos calórica aunque más que el tomate frito. A diferencia de éste, el ketchup lleva azúcares en bastante cantidad (azúcar, glucosa, jarabe de glucosa o fructosa) y su presencia puede suponer entre un 2% y un 7,5% (en el tomate frito los azúcares suponen únicamente entre el 0,2% y el 2&).

Al horno o a la plancha: Son mejores opciones las verduras, pescados y carnes al horno o a la plancha que fritos. Conviene recordarlo.

Sí, sin patatas fritas también se puede: Son el acompañamiento estrella de casi cualquier segundo plato en un menú del día típico. Y, una vez en el plato, es casi imposible no tomarlas. Por eso, mejor pedirle al camarero si no puede sustituirlas por unos pimientos, algo de ensalada o algún tipo de verdura. Las patatas cocidas o asadas son otra buena opción, mucho menos calórica.

Menos carne: La OMS lleva tiempo advirtiendo a los ciudadanos de países desarrollados que comemos demasiada carne y advirtiendo de los excesos de las proteínas animales en el organismo. Cuando comemos fuera debemos tenerlo en cuenta y prestar más atención a los platos de verduras, legumbres y pescado. No solo ayudaremos a nuestro cuerpo, también al mundo. Las Naciones Unidas proponen que comamos sin carne al menos un día a la semana para mejorar la salud del planeta. Si quieres saber más te lo cuentan en la página de la iniciativa Lunes sin Carne.

Además… para cuidar la dieta, regular el exceso de colesterol y reducir calorías es mejor elegir carne blanca que roja. Debemos comer más a menudo pavo o pollo que vaca o cerdo.

Cuidado con el postre: Si comemos fuera de casa habitualmente no nos conviene dejarnos llevar por la tentación y pedir siempre un postre dulce. Es mejor terminar la comida con fruta o un lácteo ligero. Los pasteles, helados y tartas… para las ocasiones especiales. Y si no podemos resistirnos, mejor compartirlos en lugar de pedir uno para cada comensal.

¿Y de beber…? La respuesta más saludable no es la que daba Homer Simpson. Lo mejor es pedir agua. Los refrescos azucarados, por ejemplo, conviene tomarlos solo de vez en cuando,  teniendo en cuenta siempre que no aportan nutrientes y que se les asocia, cada vez más, con el aumento de la obesidad infantil y enfermedades como diabetes tipo 2 y síndrome metabólica. Sin duda, son más aconsejables sus versiones ‘light’, pero en ningún caso deben sustituir siempre al agua. Si comes con vino de mesa recuerda que ingieres unas 78 kilocalorías por cada 100 gramos y, por supuesto, recuerda los consejos de Stevie Wonder. ¡Si bebes no conduzcas!

Comida internacional: Todo lo que se puede decir de la comida habitual en nuestra mesa se puede aplicar a la comida internacional. Si nos gusta la comida tailandesa la opción más saludable es evitar los aperitivos fritos y decidirnos por sus deliciosas sopas de verdura. Si disfrutamos en los restaurantes indios tenemos infinidad de platos de verdura o cocinados al horno y a la brasa, con poca grasa. Con prescindir de los ‘papadoom’ o panecillos fritos en aceite muy caliente, puede ser suficiente para una comida sana y equilibrada. La comida japonesa es un ejemplo de buena alimentación y casi cualquier opción será buena, moderando el consumo de tempuras, a ser posible. En los restaurantes italianos también hay decisiones más saludables que otras: se pueden probar sus deliciosas ensaladas o platos de pescado y cordero a la brasa en lugar de elegir siempre pizzas o pastas. En caso de querer pasta, las salsas de tomate son más ligeras que las de queso o nata.

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